Alpens (1680): relat del 'cura difunto' i les misses no celebrades en vida
‘Refiérase un caso moderno, de una Anima del Purgatorio; que puede ser de edificación, y provecho.’
Entre els relats conservats per la tradició escrita del segle XVII, trobem el que va publicar fra Joan de Sant Josep, Blanc Mur (Tortosa, 1642 – Reus, 1718), en el capítol cinquanta-unè del manuscrit Annales de los carmelitas descalços de la Provincia de San Iosef en el Principado de Cathaluña, la còpia autògrafa del qual es conserva a la Biblioteca de la Universitat de Barcelona, ms. 991, pp. 397b-400b, llibre IV, cap. LI, § 1254-1262.
Redactat en un castellà força entenedor que, per la seva potència narrativa, respectarem en tot allò que resulta intel·ligible… L’autor s’endinsa pels verals de Santa Maria de Pens (Alpens) per submergir-nos en una narració que, més enllà de les creences de cadascú, ens transporta fins al més profund de l’imaginari religiós de l’època.
Escriu fra Joan en la presentació del relat (paràgraf 1254 del manuscrit):
“Tiene este convento un lienço señalado con unas cruzes de fuego que dexó en él impressas una ánima del purgatorio. Y porque fue harto extraordinario el caso y puede ser de enseñança maiormente para los sacerdotes y prelados, lo referiré aquí abreviando las muchas circunstancias que le acompañaron.”
—Regala’t una estona reposada i submergeix-t’hi… et captivarà.
Reproducció de les portades i els fulls originals del capítol cinquanta-unè del manuscrit [ms. 991] conservat a la Biblioteca de la Universitat de Barcelona.
El que llegiràs a continuació no és una llegenda transmesa de boca en boca, sinó un relat escrit fa més de tres-cents anys i conservat en manuscrit autògraf. Per tal de facilitar la lectura en format digital, es conserva la numeració original dels paràgrafs del manuscrit (p. ex. § 1254) i s’hi introdueixen punts i a part inexistents en l’original, sense alterar-ne en cap cas el contingut substancial.
Transcripció íntegra del capítol, respectant els paràgrafs originals del manuscrit
Dels primers senyals — a cops de roc no lesius —, previs a l’aparició de l’ànima en pena del difunt Sebastià Roquer, després de tres anys al purgatori per les misses no dites, encarregades en vida.
1255. En la Parrochia de Santa María de Pens [Alpens], distante de la ciudad de Vique [Vic] tres leguas, vivía un virtuoso sacerdote, llamado el licenciado Sebastián Roquero, hijo de padres pobres. El padre se llamava Bernardo, y la madre Estasia.
Murió el buen sacerdote asistido de nuestros religiosos (después de tres meses que lo era) no en su Parrochia, sino en una casa, extramuros de la ciudad de Vique llamada, el Molino de Domènech. Murió muy religiosamente, recibidos todos los Santos Sacramentos con mucha devoción, el día último de enero del año 1677.
Al cabo de tres años, que fue el año [16]80, se apareció en la forma siguiente. Estando, algunos días antes de la commemoración solemne de todos los difuntos, el padre, la madre, un hermano casado y un sobrinito del difunto, en la casa en que vivían en la dicha Parrochia de Pens [Alpens], enpeçaron a tirar piedras a la puerta, y al texado de la casa. Asustáronse, aunque no podían atinar de dónde venían las pedradas. La víspera de dicha commemoración solemne, a hora de las Avemarías, bolvieron a repetirse las pedradas a la puerta, tan a menudo y tan rezias, que nadie osó entrar ni salir por ella; continuándose la batería hasta medianoche, fuéronse a dormir, y luego cessó. El día siguiente, casi a la misma hora, estando al umbral de la puerta Joseph Roquero, hermano del difunto, con un hijo suyo de siete años, llamado Bernardino, enpeçaron otra vez a tirar piedras como antes, y dando una d’ellas en la cabeça de Bernardino, ningún daño le hizo.
Con esta, y otras circunstancias que observaron, se pe[r]suadieron era cosa del otro mundo.
Aviendo tirado otro día en[c]ima una mesa, una piedra tan grande como la cabeça de un hombre, la llevaron al cura del lugar en tiempo que avía allí una misión, y por consiguiente, grandísimo concurso de gente, entre la qual se divulgó luego el caso. Enpeçaron a ir a processión hecha, a la casa, a ver las prodigiosas pedradas. Llenose la casa de gente y por toda la mañana continuaron en ella las pedradas. Veíanlas venir por el ayre, y los fuertes golpes que davan y señales que dexavan, sin que dañassen a persona alguna, siendo tantas, que andavan a empellones.
Fuéronse todos admirados, y testigos de la maravilla.
Dels vuit dies de pedrades alarmants i notòries fins a la primera aparició de mossèn Sebastià a Bernardino (el seu nebot), a la casa familiar d’Alpens, on vivien els seus pares i el seu germà Josep amb la família…
1256. Duró este combate de piedras por ocho días, cessando siempre a las horas de comer, o, cenar, y dormir. Después se passaron tres días sin sentir cosa alguna.
Al día siguiente, vio el sobredicho Bernardino, un hombre sentado en el escaño de la cozina (donde avía sido la mayor batería de las piedras) y como no le conociesse, preguntó a su agüela (madre que era del difunto) que hombre era aquel, que allí estava sentado. Respondiole, que allí nadie avía. Replicó el muchacho, «cómo no?
Bien lo estoy yo mirando». Entonces se llegó la agüela a la puerta de la cozina, y al mismo escaño y a nadie vio, pero el muchacho, vio que al llegar ella al escaño, se levantó el hombre, y saliéndose por la otra parte, desapareció. Al otro día, se le bolvió aparecer de la misma suerte, y en el mismo lugar, y acariciándole, le alargó la mano, como pidiendo alguna cosa; pero se asustó tanto el niño, que llorando, y temblando, levantó el grito, y el difunto desapareció.
Con algunas señas que dio Bernardino, entendieron los padres [del difunt] que era el alma de su hijo; e hizieron mucha fuerça al muchacho, para que subiera a una pieça alta de la casa, que quiçá allí a solas se le bolvería a aparecer, y que le preguntasse que qué quería. Assí se hizo, aunque con mucha dificultad y temor del muchacho.
Presto vino el alma, en la misma figura que las otras vezes, y esforçando al muchacho para que no temiesse, le dixo estas palabras: «Di a mi Padre y a mi Madre, que me faltan siete missas, y medio año de la ofrenda; y que ese ha de ser en la iglesia donde está enterrado mi cuerpo». Y dicho esto desapareció.
Encara des del purgatori, l’ànima del mossèn malda per obrir-se pas cap al cel, amb tota mena d’urgències ben prescrites per a tots i cadascun dels membres de la família… que ara dubten si tot plegat és una ensarronada del dimoni o no.
1257. Refiriéndolo el muchacho a sus agüelos, en cuenta de dezir que pedía siete missas, dixo que pedía dos. Animáronle, a que bolviesse otra vez y le dixesse, si avía menester otra cosa? Hízolo; y el alma le dixo: que no quería otra cosa sino, que fuessen tan presto como pudiessen a Vique, a que le dixessen las missas en la iglesia donde le enterraron.
Preguntándole más, si quería hablar con su madre? Respondió: que no tenía licencia para esto; pero que fuessen con toda prestesa a hazer celebrar las missas que havia dicho, y que enpeçaran luego el medio año de la ofrenda; y que avían de ir todos, sus padres y su hermano Joseph, y Juan, y su cuñada Escolástica y el Bernardino también. Y con esto se fue.
Dio Bernardino relación de todo, aunque con la misma equivocación de las dos missas en qüenta de siete. Oyendo todo esto los padres y hermano del difunto, enpeçaron a dudar, y a temer, no fuesse algún enrredo del demonio que quisiese engañarles. Pero el mismo día se le bolvió apar[e]cer a Bernardino, y les asseguró de la verdad, diziendo no reparassen en ninguna manera en hazer lo que les pedía; y que a él, se le mostraría por el camino, especialmente en todas las cruzes que encontrarían; y que en cada missa, quando levantarían la Hostia, le vería en el altar, y en la última, se quedaría en lo alto quando baxaría el sacerdote la Hostia.
Emprendieron el viaje y dixeron las missas; y sucedió puntualmente todo lo que el alma avía dicho, y prometido, con esta diferencia: que en las missas (a que assistieron también dos religiosos nuestros) se apareció el alma con vestiduras sacerdotales, como las del sacerdote que dize missa.
Però vet aquí que, quan semblava que tot s’havia acabat sense més sobresalts, resulta que a la pobra ànima del difunt mossèn no li quadren els números de les misses i les ofrenes prescrites… i la cosa s’embolica d’allò més!
1258. Dichas d’esta manera las dos missas, que avía dicho el muchacho, y encomendado a otra persona que continuasse la ofrenda del medio año, se bolvieron a su casa, pensando que con esto estava acabado aquel negocio y el ánima socorrida.
Pero después de dos días se bolvió aparecer al mismo Bernardino, el qual le preguntó que quién era y qué quería? Respondiole, que él era su tío, que no temiesse: que lo que quería era le dixessen sinco missas más que le faltavan en el mismo lugar que avían dicho las dos; y que la ofrenda se avía de hazer en la cathredal de Vique, y que su misma madre (del difunto) la avía de ofrecer.
Esto dixo el Alma, lo qual causó mayores perplexidades: especialmente, difficultavan, que no bastasse el hazer la ofrenda por otro, sino que la misma madre la huviesse de hazer; porque era cosa bien dificultosa obligar a una pobre vieja ir a pie tres leguas de mal camino, que para su edad, y pobresa, era difícil jornada; y trabajo grandíssimo el hazer la ofrenda, y sustentarse medio año pidiendo limosna por las calles de Vique.
Por lo qual, hizieron que Bernardino le preguntasse al alma, que porqué no avía pedído todas las missas de una vez. Al qual, le respondió, que ya ella se las avía pedido todas la primera vez, sino que él no lo avía bien entendido; pero que avía sido disposición divina, que por justas causas lo avía así querido.
La família del mossèn està trasbalsada. No s’acaben de creure el que està passant. Recelosos, demanen fins a cinc senyals que conformaran les cinc creus de foc estampades en el llenç que fra Joan de Sant Josep esmenta a l’inici i al final del relat…
1259. Visto esto por la madre, instó al muchacho, que le bolviesse hablar, y le pidiesse alguna señal en fe de lo que pedía. No lo reüsó el alma, tomándole luego la mano, y haziéndole una cruz de fuego en la manga del braço derecho, la qual, aunque passó toda la ropa, no le tocó en la carne: aunque la mano que le tomó el alma quedó, como teñida de negro, que le duró algún tiempo.
Estando todavía incrédulo el hermano del difunto, al otro día por la mañana se bolvió aparecer el alma a Bernardino, el qual le preguntó si quería alguna otra cosa? Y le respondió, que no quería otra cosa, sino que fuessen tan presto como pudiessen a cumplir todo lo dicho, que le sacarían de mucha pena.
Instó la madre del difunto al niño, que le dixesse, que en señal de que tenía harto con las sinco missas que pedía, hiziese otra señal, al lado de la primera. Luego que se lo pidió, le cogió del braço, y le hizo otra cruz en la manga, al lado de la otra, y en todo semejante a ella.
Después de esto, pareciéndole al hermano del difunto, que la mucha vejez de la madre la escusaría delante de Dios, de ir a Vique a hazer la ofrenda, pensó un medio, que la madre la hiziesse en la iglesia del lugar, y otra persona la hiziesse también en Vique en el lugar que avía dicho el Alma, creyendo píamente que con esto se cumpliría: y así se empeçó a executar, pero presto se bolvió aparecer el Alma, disiendo, que quantas ofrendas avían hecho por él, nada le avían aprovechado, porque Dios no avía querido acceptar ninguna d’ellas en su descargo. Y que, en todo caso, bolviessen a enpeçar la ofrenda, porque era mucho lo que padecía. Desde entonces fueron más continuas las apariciones de la afligida alma. Cada día se aparecía tres y quatro vezes, repitiendo sus lástimas.
No acabando todavía con esto de salir de sus dudas, e incredulidad, quisieron ver otra señal. Pusieron una servilleta tendida sobre una mesa, diziéndole que hiziesse allí otra señal en confirmación de lo dicho. Y luego en el punto, hizo en ella, quatro cruzes de fuego.
Añadieron entonces, que en señal que Bernardino avía de ir también a la ofrenda y asistir con su agüela, hiziesse otra cruz. Y luego la hizo debaxo las otras, con que quedó el lienço señalado con sinco cruzes, como oy día se ve. Y dixo el Alma, que los padresnuestros que le diría Bernardino, le serían de grande alivio en sus penas. Y nótese, que siempre se pareció a Bernardino; unas vezes con sobrepelliz, y otras con casulla.
Resolts, ara sí, a complir fil per randa totes les demandes —que no eren poques—, emprengueren el viatge pel camí de les creus i les espelmes. Transcorregut prop de mig any de l’ofrena manada, mossèn Sebastià anuncia a Bernardino com serà la seva ascensió al cel i quin fou el “gran pecat” que l’envià de dret al purgatori, sense contemplacions…
1260. Finalmente, se resolvieron de cumplir con todo, y de la manera que lo pedía el difunto.
Emprendieron el viaje, y todo el camino les fue acompañando, revestido, como para dezir missa, y con una vela en la mano, viéndolo solamente Bernardino. En acercándose a alguna Cruz, se adelantava hasta ella, y allí en la Cruz encendía la vela, y con ella, bolvía a acompañar sus peregrinos, hasta que llegavan a la misma Cruz. Y así lo hazía en las demás cruzes, que no son pocas las de aquel camino.
Continuando la ofrenda, se apareció también muchas vezes a Bernardino.
En una d’ellas le dixo, que fuessen muy agradecidos a Dios, por averles manifestado todas aquellas maravillas. Y que no tuviessen cuydado, que la ofrenda iva bien hecha y que ya no tendría necessidad de otra cosa: que en acabando el medio año, se le aparecería en lo alto de una cruz, rodeado de ángeles, con los quales se subiría al cielo, y él la vería subir hasta que por la mucha distancia, no la pudiesse ver.
Estando después (ya muy adelantado el medio año de la ofrenda) Bernardino en su aposento, vino el Alma acompañada de quatro ángeles hermosíssimos, dos a cada lado. Pusiéronse a conversar con el cándido niño; y entre otras cosas, le dixeron que tuviera cuenta, que quando ellos se irían se abriría el techo y vería patente el cielo. Y assí sucedió, viéndolos Bernardino que se subían volando hazia el cielo, sin más tedio, que si estuviera en un campo razo.
Dexando otras cosas que passaron, por abreviar diré una más notable.
Apareciéndosele otra vez, le preguntó Bernardino: que dónde avía passado el purgatorio? Y que porqué causa padecía? A lo qual respondió la bendita Alma; que siempre avía purgado junto a las casas donde avían vivido sus padres. En [la] CasaNova —dixo— padecía debaxo un ribasso que avía allí cerca. En Casa de Erpaña [?], pené en un rincón de ella. Y lo mismo en Casa Graell».
A lo segundo dixo: que padecía por un grande pecado, que avía hecho tomando la limosna de tres missas (palabras son del difunto) que me avían encomendado, para que las dixera en tal y tal día; y yo. no las dixe en essos días que me avían dicho. Y pensando que en otros días las podría dezir, caí enfermo en la cama, con que no pude dezirlas, porque vino con esto la hora de la muerte. Y por este pecado, he avido de penar tres años en el Purgatorio. Aviéndole preguntado más, si ivan muchas almas al Purgatorio? Respondió: que al purgatorio caen como quando llueve menudo, pero que al infierno, como cuando nieva mucho, que los copos caen espesos. También le dixo, que dixesse a su Padre, que él era el que le alumbró una noche escura, aviendo perdido el camino. Y que en gradecimiento, le rezasse un rosario entero cada día. Y dixo el padre, que era verdad, que en dicha ocasión, vio una luz, que siguiéndola, bolvió a camio, y hasta las primeras tapias del lugar. Si bien, él pensava, que era algún otro hombre que iva delante con luz.
I… finalment! Feta l’última ofrena, obtingueren la benedicció de Sebastià Roquer, tot contemplant la seva ascensió al cel amb gran glòria, acompanyat de quatre àngels portadors de sendes espelmes enceses.
1261. Llegado finalmente, el penúltimo día de la ofrenda, que fue el mismo día de Pascua del Espíritu Santo [la segona Pasqua], llegando a la noche, dixo Bernardino a sus agüelos que le despertasen tres horas antes de día. Hiziéronlo assí, y luego vio el muchacho dos velas encendidas en su aposento, sabiendo que nadie d’esta vida las avía puesto.
En amaneciendo, se levantaron todos y quanto antes acudieron a hazer su última ofrenda.
Hecha ésta y concluída la missa, se fueron muy aprisa a la cruz que está en el portal de la ciudad, llamado el Portal de Malloles, según el Alma se lo avía dicho a Bernardino, que de allí se subiría al cielo. Luego que llegaron, vio Bernardino en lo alto de la cruz a su dichoso tío, el sobredicho licenciado Sebastián Roquero, ya muy alegre y resplandeciente, revestido con un precioso ornamento sacerdotal, con una capa pluvial hermosíssima. Acompañávanle quatro ángeles, con velas encendidas en las manos. Estando assí, levantó la mano, y dio la bendición a todos los que allí presentes estavan, y enpeçó a subirse con los ángeles con grande gloria, mirándolo Bernardino, hasta que por la mucha distancia le perdió de vista.
EPÍLEG — Pobres de vosaltres, mossens que incompliu el vostre deure!
No oblideu mai aquest llenç — amb les cinc creus gravades a foc — que aquesta història ens ha llegat i que Josep Roquer, germà de l’ànima en pena, va escriure des d’Alpens… mentre tot això passava.
1262. Este es el caso; en que se pudieran ponderar muchas circunstancias utilíssimas, si fuera de nuestra obligación: pero lo pueden, y deven hazer, todos los sacerdotes y prelados, a quienes se encomiendan missas que dezir, para cumplir con ellas, y con todas las circunstancias y condiciones que las admitieron, viendo que la omissión, o, descuydo de tres missas, se paga con tres años de purgatorio. Y me persuado, que para este fin (porque debe aver muchos descuydos d’estos, y no deven tener algunos la devida ponderación d’ellos) permitió nuestro Señor este caso tan público, circunstanciado y con tan multiplicadas apariciones, y señales. Y que para su perpetua memoria, quedasse el sobredicho lienço con las sinco cruzes de fuego.
Y para este mismo fin, lo he escrito yo también de buena gana, para que se estienda más su noticia.
En la verdad del caso, no se puede dudar: porque Joseph Roquero, hermano del difunto, que asistió a todo, lo fue escriviendo assí como passava. Y después de unos diez años, dio la dicha relación a un religioso nuestro, que aún vive; el qual, con mucho cuydado, preguntas, y repreguntas, le examinó al dicho Joseph, y a otros de los que asistieron al caso; y con juramento afirmaron ser assí verdad como se ha dicho. Y halló ser essa la común voz, y fama por aquella tierra.
El dicho lienço lo detuvo este convento, porque los padres, y el hermano del difunto se lo dieron, agradecidos a la asistencia, que les hizieron los religiosos en todo el processo del referido caso, y por aver asistido al difunto en su enfermedad y muerte; y por la grande devoción que el mismo difunto los tuvo en vida, confesándose siempre que podía con nuestros religiosos. No lo sintieron poco los de la cathedral no quedarse con la prenda, que no poco la solicitaron.
Gràcies a la Biblioteca de Fons Antic del Centre de Recursos per a l’Aprenentatge i la Investigació (CRAI) i a la Biblioteca Patrimonial Digital (BiPaDi), de la Universitat de Barcelona (UB), per l’excel·lència en les atencions rebudes i per la vostra gran tasca de recollida, custòdia i divulgació del patrimoni documental que poseu al nostre abast. Gràcies també a la Biblioteca de Catalunya (BC) per les vostres orientacions en la recerca inicial i a Joan Mahiques Climent, gràcies al treball del qual vam conèixer l’existència del manuscrit objecte d’aquest article.
I a tu, amable lector/a, gràcies per ser-hi sempre i per mantenir viva la memòria d’Alpens amb la teva lectura. Espero que t’hagi resultat tan enriquidora com ho ha estat per a mi la tasca de recerca, redacció i publicació.